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Redes Sociales
8
febrero
2019

Redes e identidades: gestión óptima de la identidad digital

Cada vez está más presente y extendida nuestra identidad digital, nuestro “yo” virtual en la red de redes. La cuestión es… ¿sabemos gestionarla de forma adecuada?

Si has nacido a partir de los años 90 tienes que saber que perteneces a la que se ha denominado generación Google o de nativos digitales: personas que no han conocido la ausencia de Internet. De hecho, si has llegado hasta esta página y a este artículo es gracias a la facilidad que existe actualmente en el acceso a la información, comunicación y recursos.

En todo este entramado participamos nosotros creando perfiles sociales que compartimos con los demás y que muestran nuestros estados, pensamientos, deseos, emociones, intereses, vida laboral o personal. Es bien sabido que, en su proceso de selección, cada vez más empresas tienen en cuenta el perfil de LinkedIn, Facebook o Twitter para contrastar la experiencia que se incluye en nuestro currículum vitae cuando nos presentamos como aspirantes a un puesto de trabajo.

¿Debe coincidir, por tanto, nuestra identidad digital con nuestra identidad analógica (nuestro“yo presencial”)? Sí y no.

La identidad digital

El manejo de nuestra identidad digital personal se define como la habilidad de gestionar con éxito la propia visibilidad, reputación y privacidad en la red. En esos tres términos están incluidas ciertas cuestiones a tener en cuenta.

Eres visible, si estás en las redes formas parte de ellas. Pero lo importante es cómo esa visibilidad te beneficia o si por el contrario puede perjudicarte. Todo depende de aquello que compartas y en las páginas en las que participas.

Ser visible es cada día más esencial y tu perfil es un reflejo de tu dedicación en una temática concreta, por lo que le añade valor a aquello en lo que trabajas o en lo que crees. Puede llegar a personas y lugares a los que no podría llegar en el mundo analógico, ya que la era digital traspasa fronteras.

Por tanto, sea cual sea tu profesión o pasión puedes buscarla, informarte, participar o atreverte a crear un entorno relacionado con dicha temática que se pueda convertir en un punto de difusión o encuentro de personas que comparten contigo intereses comunes, un nodo. Las redes te brindan una oportunidad única para fomentar buenas conexiones y buscar otras nuevas que te hagan mejorar y crecer.

El valor añadido de la autenticidad

Sin embargo, ser visible en el entorno digital no implica dejar de serlo en la vida más allá de las pantallas. No podemos quedarnos siempre al otro lado de la pantalla. Tenemos que interactuar y mostrar que el interés que mostramos en nuestro perfil digital se corresponde con nuestro desempeño en la vida real y la consistencia (o ausencia de contradicciones) de lo que se muestra en el entorno digital.

La reputación online

La reputación de la identidad digital se mide por el impacto de aquello que compartes o muestras en tu perfil. Según Bancal, las herramientas de medición de la reputación online son los motores de búsqueda de blogs, los meta motores sociales, las herramientas de seguimiento de comentarios escritos, los microblogs, las redes sociales y los motores online de búsqueda de personas.

Pero la reputación de nuestra identidad es más que las herramientas en las que se ve comprometida, es el uso que hacemos y el comportamiento que tenemos en ellas. Y es aquí donde, en la mayoría de ocasiones, existe una ventaja que nuestro “yo” presencial no tiene a la hora de mostrar comportamientos que pueden estar fuera de lugar: está la opción de apagar el ordenador y contestar más tarde de una manera más reflexiva y no tan influido por las emociones negativas que puedes experimentar en una situación concreta. De esta manera puedes evitar tener un comportamiento no deseable ni realmente útil para resolver el problema y podrás redactar mejor una opinión o un mensaje.

Por tanto, es posible “escapar” momentáneamente de esa situación y retomarla en mejores condiciones para ser más objetivos en aquello que vayamos a mostrar a los demás para que sea útil, beneficioso e interesante. Acerca de esto, Dennis O’Reilly dijo acerca de la privacidad en Internet que “la mejor manera de proteger tu privacidad en la red es asumir que no la tienes y modificar tu comportamiento en línea de acuerdo con ello”.

La privacidad sigue siendo un valor

Es muy importante tener en cuenta que las redes no deberían ser un lugar donde verter o plasmar nuestros problemas de manera explícita y abierta a todas las personas. Obviamente, la libertad de expresión no se discute, pero no podemos caer en el error de difundir datos o cuestiones cuya difusión acarrea problemas y soluciona poco o nada. Lo adecuado es comunicar aquello que se quiere decir a las personas específicas a las que queremos hacer llegar el mensaje.

Se trata de plantearnos si nuestro yo presencial lo comunicaría en una gran plaza donde confluye mucha gente y donde, además, el mensaje quedase grabado en el suelo. No perdamos la excusa de quedar para tomar un café para ver a aquella persona que necesitamos para solucionar el problema o para, simplemente, poder comunicar nuestro estado de forma sincera y privada.

Algunos consejos para gestionar nuestra identidad en Internet

Estas son algunas de las recomendaciones para gestionar la identidad digital de forma adecuada:

1. Honestidad y habilidades

Crear nuestra identidad digital de forma honesta pero potenciando y adecuando nuestras habilidades y comportamiento en función de las personas a las que dirijamos el mensaje.

2. Presencia e influencia

Expandir nuestra presencia en la red y buscar nuestro propio nido donde poder difundir información útil, interesante y que aporte valor a nuestro trabajo o intereses.

3. Adecuación

Reflexionar antes de escribir. Adecuar nuestro mensaje y compartirlo con las personas con las que realmente queremos compartirlo. Conviene no olvidar que los problemas es mejor tratarlos personalmente y “en vivo”.

4. No olvides lo presencial

Cuidar lo digital y lo presencial: ambos son escenarios importantes donde poder nutrirnos, informarnos e interactuar. Gestionados de manera adecuada, potencian tu identidad para que el mensaje que den acerca de ti sea coherente.

Y es aquí cuando surge la duda: ¿distinguiremos en el futuro entre identidad digital e identidad analógica?